uberLa generalización de Internet en nuestra sociedad ha posibilitado la irrupción en el mercado económico de simples ciudadanos o entidades sin ánimo de lucro. Es lo que se conoce como economía colaborativa, tan en boga en estos tiempos por la muchas protestas de colectivos afectados por la misma, como el del taxi o hostelería. Dicha economía colaborativa consiste en el intercambio de bienes y servicios a través de plataformas digitales. Estos grupos pueden actuar en colaboración con empresas que normalmente aportan la experiencia y herramientas concretas necesarias para el sector  al que  el ciudadano o entidad sin ánimo de lucro quiere orientar su actividad o bien de manera independiente utilizando Internet como canal de comercialización para su producto o servicio.

 

Los ejemplos de plataformas de economía colaborativa son muchos, pero por el éxito y repercusión mediática cosechados destacamos Airbnb, dedicada al alojamiento y que ha batido record de facturación en el pasado mes de agosto, Uber y Blablacar en el sector del transporte.

 

Pero como decimos, la polémica está servida, pues si bien entiendo que no transgrede el nicho de mercado de los profesionales del sector del taxi o de la hostelería, por usar los ejemplos más relevantes de webs de éxito, lo cierto es que dichos colectivos ven en estas plataformas una competencia desleal, al no poder competir con los precios que los mismos establecen. Aunque claro, dichas plataformas no establecen precios, solo recomiendan unos estimativos, por lo que es difícil hablar de competencia desleal. Lo que sí que no pueden competir los colectivos del taxi y de la hostelería es con la carga fiscal e impositiva que tienen, ya que en eso juegan en desventaja.

 

La cuestión ha saltado a los tribunales, y tenemos el caso de Uber, cuya actividad fue cesada de forma temporal. Y también las distintas administraciones quieren entrar al trapo, ya que ven como se realiza una actividad delante de sus narices sin que ellos reciban nada a cambio. Y es que la economía colaborativa mueve, hoy por hoy, muchos miles de millones, lo que lo hace un pastel muy apetecible para las arcas públicas.

 

Estas empresas de la llamada “economía colaborativa”, han decidido agruparse para hacer frente al aluvión legislativo que parece venírseles encima y que en determinadas circunstancias  pueden conllevar la desaparición de las propias empresas. Para ello en España se ha creado  en un grupo de presión llamado Sharing España, en el que se integran Ticketbis y una decena más de empresas de este nuevo ámbito.

 

Sin embargo, dicha guerra la tienen difícil, por los grupos de presión en juego, a pesar que opinión pública está a favor de dichas economías colaborativas, que desde mi punto de vista no perjudican, todo lo contrario, benefician a más personas, ya que el mercado es muy grande y hay público para todos.