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Uso de materiales originales ajenos en trabajos propios

Copyright

Copyright

¿Qué ocurre cuando se usa trabajos intelectuales propios de materiales originales pertenecientes a terceras personas y susceptibles de ser protegidos como obras por la normativa de propiedad intelectual?

 

Actualmente, entendemos por propiedad intelectual aquella modalidad especial de propiedad que recae sobre las creaciones originales fruto de la inteligencia, del esfuerzo intelectual humano.

 

Por tanto, varias son las notas que podemos extraer de esta definición lato sensu de propiedad intelectual:

 

En primer lugar, que, como de su propia denominación se desprende, la propiedad intelectual es una forma de propiedad. De ahí que el titular de la misma pueda ser perfectamente considerado como propietario, a pesar de que el término usualmente empleado en nuestra sociedad sea el de autor, figura que no encaja más que con una de las modalidades existentes en esta materia.

 

En segundo lugar, el concepto de propiedad intelectual se caracteriza esencialmente por el objeto concreto sobre el que recae, esto es, sobre una obra inmaterial, entendiendo por tal toda creación original intelectual.

 

Por tanto, varios son los requisitos que han de concurrir en una obra para poder ser objeto de propiedad intelectual: ha de ser una creación de un ser humano, ha de ser original y ha de ser una creación intelectual. Reuniendo una obra tales notas, da igual que la misma sea literaria, artística, científica o técnica.

 

Cuando hablamos de que sobre una determinada obra existe o concurre un derecho de propiedad intelectual, realmente estamos haciendo referencia a una pluralidad de derechos o facultades de muy diversos contenido y carácter. A saber:

 

De un lado, y a diferencia de lo que sucede con el derecho de propiedad ordinario que, por ejemplo, recae sobre cualquier finca o inmueble, el derecho de propiedad intelectual supone la atribución a su titular de un haz de facultades englobados en el concepto de derecho moral, esto es, aquellos atribuidos al autor de la obra en cuestión por ese mero hecho y que, por ello mismo, son absolutamente indisponibles, irrenunciables e indisponibles.

 

En concreto, corresponden al autor los siguientes derechos de carácter moral:

 

1º.- Derecho de divulgación.- Decidir si su obra ha de ser divulgada y en qué forma y determinar si tal divulgación ha de hacerse con su nombre, bajo seudónimo o signo, o anónimamente.

2º.- Derecho a la paternidad.- Exigir el reconocimiento de su condición de autor de la obra.

3º.- Derecho a la integridad.- Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.

4º.- Derecho de modificación.- Modificar la obra respetando los derechos adquiridos por terceros y las exigencias de protección de bienes de interés cultural.

5º.- Derecho de retirada o arrepentimiento.- Retirar la obra del comercio, por cambio de sus convicciones intelectuales o morales, previa indemnización de daños y perjuicios a los titulares de derechos de explotación.

6º.- Derecho de acceso.- Al ejemplar raro o único de la obra.

 

De otro lado, y junto a los anteriores, se encuentran los derechos de contenido patrimonial o económico, es decir, los derechos de explotación, que son aquellos que tienen por objeto explotar una obra, sacarle un rendimiento económico.

 

Este tipo de derechos, a diferencia de los anteriores puede ser objeto de disposición por parte de su titular, de ahí que no siempre el autor de una obra sea el titular de los derechos económicos sobre la misma.

 

En concreto, son derechos patrimoniales de propiedad intelectual los siguientes:

 

1º.- Derecho de reproducción.- Fijación directa o indirecta, provisional o permanente, por cualquier medio y en cualquier forma, de toda o parte de una obra, que permita su comunicación o la obtención de copias.

2º.- Derecho de distribución.- Puesta a disposición del público del original o de las copias de la obra, en un soporte tangible, mediante su venta, alquiler, préstamo o de cualquier otra forma.

3º.- Derecho de comunicación pública.- Todo acto por el cual una pluralidad de personas pueda tener acceso a la obra sin una previa distribución de ejemplares a cada una de ellas.

4º.- Derecho de transformación.- Comprende la traducción, adaptación y cualquier otra modificación en su forma de la que derive una obra diferente.

 

Hay que dejar sentado un principio básico y general: el sujeto titular del derecho de reproducción de una obra podrá acceder o negar a cualquier otra persona la posibilidad de que reproducir una obra, ya sea en parte ya sea en su totalidad.

 

Por tanto, cualquier acto de reproducción de una obra deberá contar con el consentimiento del titular del derecho de reproducción. Sin dicha autorización la reproducción será ilícita y podrá dar lugar a que su titular exija el cese de la reproducción, además de una indemnización por los daños y perjuicios sufridos.

 

No obstante, dicho principio general cuenta en nuestro ordenamiento jurídico con importantes excepciones o límites. Dichas excepciones pueden ser de muy diverso tipo:

 

1º.- Citas y reseñas.

2º.- Informaciones y trabajos sobre temas de actualidad.

3º.- Obras situadas en vías públicas.

4º.- Reproducción en determinadas instituciones.

5º.- Parodias.

 

Dentro de dichas excepciones nos detendremos en la referida a las citas e ilustración de la enseñanza en la nueva redacción dada por la citada Ley 23/2006. Dicha excepción permite la inclusión (reproducción) en una obra propia de fragmentos de obras ajenas siempre que se trae de obras ya divulgadas y su inclusión se realice a título de cita o para su análisis, comentario o juicio crítico, y se efectúe con fines docentes o de investigación, en la medida justificada por el fin de esa incorporación e indicando la fuente y el nombre del autor de la obra utilizada.

 

Por tanto, la aplicación de esta excepción requiere de la concurrencia de tres requisitos básicos:

 

a.- Obra ajena divulgada.- La obra ajena de la que se toma parte de su contenido ha de ser, ineludiblemente, una obra ya divulgada.

 

b.- Fin docente y no comercial.- La reproducción de la obra ajena sólo ha de poseer fines educativos o de investigación científica. Relacionado con ello, la reproducción no ha de tener ánimo de lucro, entendiéndose como tal la obtención de un beneficio económico directo o indirecto.

 

c.- Indicación de la fuente y autor.- El beneficiario de la excepción debe incluir en su obra la fuente de la obra ajena empleada y el nombre de su autor, respetando con ello los ya citados derechos morales de paternidad.

 

d.- Constituir citas.- La Ley requiere que se trate de fragmentos de obras, de modo que el centro de gravedad de toda esta excepción ha de encontrarse en el hecho de que el valor del resultado haya de encontrarse en la nueva obra en sí, en lo que no son las citas, cuestión, por tanto, claramente valorativa y a examinar caso por caso.

 

Pues bien, si hasta hace pocos años la situación normal en la que se analizaba el derecho de reproducción de una obra era, básicamente, el escrito en soporte papel (analógico), el amplio e imparable desarrollo de la sociedad de la información ha conllevado que dicha reproducción pase a un entorno más digital en el que las posibilidades de reproducción, comunicación pública, puesta a disposición o transformación se potencian hasta el infinito, lo cual requiere adaptar convenientemente los principios jurídicos tradicionales para adaptarlos a los nuevos tiempos.

 

Veamos el caso concreto de aquellas obras que se ponen a disposición de los internautas por medio de su publicación en websites.

 

Tomando como punto de referencia la noción y el contenido del derecho de propiedad intelectual ya comentado con anterioridad, podemos afirmar que no se encuentran alterados los mismos por el mero hecho de la existencia de internet, de modo que una obra publicada en un website siempre que sea original será susceptible de recibir la protección de nuestra normativa de propiedad intelectual.

 

Del mismo modo, el autor de dicha obra ostentará la titularidad de sus correspondientes derechos morales y patrimoniales, siendo el acto de “colgar” su obra en un sitio web un acto inequívoco de ejercicio de sus derechos.

 

En consecuencia, el hecho de subir a internet determinada obra no puede considerarse per se un acto de dejación de sus derechos de propiedad intelectual.

 

No obstante, ello no es óbice para que el titular de tales derechos pueda, en última instancia, disponer de ellos a favor de un tercero o incluso renunciar a los mismos, siempre que no se traten de derechos morales (irrenunciables, como hemos visto).

 

Finalmente, existen otro tipo de posibilidades de reproducción tales como las licencias Creative Commons, que pueden tener varias posibilidades:

 

1º.- De reconocimiento.- La obra puede ser distribuida, copiada y exhibida por terceras personas si se muestra en los créditos.

 

2º.- No comercial.- El material original y los trabajos derivados pueden ser distribuidos, copiados y exhibidos mientras su uso no sea comercial.

 

3º.- Sin obra derivada.- El material puede ser distribuido, copiado y exhibido para crear un trabajo derivado del original.

 

4º.- Compartir igual.-  La obra puede ser distribuida, copiada y exhibida pero bajo la misma licencia que el material original.

 

Por tanto, la relación entre dichas notas dan lugar a la posibilidad de existencia de 6 licencias Creative Commons: reconocimiento; reconocimiento -sin obra derivada; reconocimiento – sin obra derivada – no comercial; reconocimiento – no comercial; reconocimiento – no comercial – compartir igual; reconocimiento – compartir igual.

 

 

Como ser YouTuber y no morir en el intento

Youtube

Youtube

Las redes sociales padecen las modas. Hoy se lleva ésta y mañana estará de moda otra.

 

Lo cierto es que cada vez escribimos y leemos menos. Nos gusta la inmediatez, y claro, YouTube cumple todas esas premisas. Que queremos saber cómo se hacen unos huevos fritos, pues en lugar de leer grandes e ilustrativas recetas, mejor ponemos un tutorial en YouTube que, cuanto más breve, mejor.

 

Y así nacen los Youtubers, que a base de seguidores terminan haciéndose profesionales y ganan dinero subiendo videos.

 

Pero como todo en la vida, no están exentos de asumir la ley, por mucho que siga pareciendo a la fecha en la que estamos que Internet sea un mundo sin ley. Que no señores, que hay que cumplir la ley aquí y en Pekín.

 

Así, es primordial para aquellos youtubers españoles cumplir con la normativa de los servicios de la sociedad de la información, recogido en la Ley 34/2002, ya conocida por todos como LSSI.

 

De este modo, los youtubers deben identificarse a fin de que los usuarios puedan comunicarse con ellos. Si el youtuber cuenta con una web (lo que ocurrirá en los casos de youtubers profesionales), con la remisión a dicha web donde conste los datos, es más que suficiente.

 

Si no es así, deberá mostrar los datos en algún momento del video, a modo de título de crédito, que animo a meter algo de creatividad al estilo de las mejores películas de cine, que todo suma a la hora de conseguir followers.

 

Si el youtuber es ya un profesional y tiene web propia, además de lo anterior deberá tener una política de privacidad, adecuar su actividad a la normativa sobre protección de datos personales, y una política de cookies.

 

En Internet se debe tener respeto por el contenido de terceros. Tendemos a creer que todo lo que está en Internet es de libre acceso y puedo disponer de ello como me plazca. Flaco error amigo. Hay que obtener el permiso de sus autores para poder disponer del contenido, a no ser que expresamente digan lo contrario.

 

A algunos les gusta que les copie, a otros no tanto. Y a estos últimos los juzgados les da la razón, y no sin motivos.

 

Otras de las normas que se debe cumplir es la Ley General de Publicidad, es decir, que no sea engañosa, ilícita, etc. Es precisamente en la publicidad donde los youtubers sacan tajada a su trabajo, al recomendar marcas y productos y recibir por ello una contraprestación, ya sea en efectivo o en especie.

 

Y cuidado con desprestigiar a la competencia de la marca o producto que anunciamos, ya que las personas jurídicas también tienen honor, pues bien caro le habrá costado tener una buena reputación en el mercado para que un influencer venga a calumniarla. Y eso se cuantifica, y bien caro.

 

El youtuber, al estar realizando una actividad económica, debe darse de alta como autónomo en la Seguridad Social y, lógicamente, en Hacienda, donde como mínimo va a tener la obligación de llevanza de los libros contables y la declaración trimestral de, al menos, el IVA.

 

Y si te animas a ser un youtuber de éxito, aquí tienes un video explicativo de cómo hacerlo:

 

 

¿Puedo grabar una conversación con el móvil para una prueba en juicio?

TelefonoEs una de las preguntas que más hemos escuchado en Avezalia los últimos años. Los procedimientos en los que ha salido a relucir han sido varios, familia, despidos, querellas, etc., pero todos tienen una misma respuesta: depende. Y es que en el mundo del derecho, esa es la respuesta más acertada.

 

Cada caso es distinto, no hay nunca dos iguales, y las circunstancias del mismo variarán. Hacer valer una prueba de este tipo conlleva que el contrario, como mínimo, te alegue su derecho a la intimidad. Pero dicho derecho a la intimidad cae cuando la conversación no versa sobre la vida privada de los intervinientes, o versando sobre ella, tiene incidencia sobre el fondo del asunto. Y es independiente del sitio donde se produzca, por lo que no importa que se realice en un lugar privado.

 

En otros casos alegarán vulneración del secreto de las comunicaciones, que también caerá cuando es realizado de parte. Distinto sería si lo realizara un tercero, que al no ser parte sí que estaría vulnerando la comunicación en la que no interviene, a no ser que sea detective en el ámbito de sus funciones.

 

En el proceso de una separación o divorcio contencioso, se da muchas veces el supuesto del progenitor que graba la conversación entre el otro progenitor y el menor, por motivos varios, y después quieren hacerlo valer como prueba. Sin embargo, esta prueba es dudosa por cuanto el progenitor que graba interviene aquí como un tercero, ya que quienes mantienen la conversación, quienes comunican entre sí, son el otro progenitor y el menor. Además, dentro de la comunicación puede haber detalles de la vida privada no solo del progenitor, sino del propio menor, que no deben transcender más allá de los intervinientes.

 

También se da el caso del menor que no tiene móvil y usa el de su progenitor para comunicar con el otro a través de Whatsapp. Aquí el problema vendrá dado por demostrar que quien dice ser menor, lo es realmente. De todos modos, y a modo de consejo, además de las fugas de seguridad que tiene dicha aplicación, hay que ser fieles al refranero español y saber que uno es libre de su silencio pero esclavo de sus palabras.

 

Hay autores que ven en dicha grabación un tratamiento de datos personales, ya que la voz constituye como tal un dato personal, al poder identificar a una persona, y por tanto, sujeto a la Ley de Protección de Datos Personales (LOPD), y su precepto más fundamental: el consentimiento del afectado. Y ya se sabe, ante la falta de consentimiento, todo son tortas.

 

Algunos diréis que dicho tratamiento queda dentro del ámbito personal, pero no es más cierto que, si lo hacemos constar en juicio como prueba, ya está saliendo de nuestro control, para cedérselo a la Administración de Justicia. Y precisamente por esto es por lo que se exime del cumplimiento de la LOPD.

Implicaciones legales del coche autónomo

Coche autonomo IICuando éramos niños soñábamos con coches que podían volar, haciendo realidad nuestra imaginación películas como “Regreso al futuro”. Pero lo que no habíamos imaginado era que los coches del futuro pudieran ser autónomos, y poder ir en ellos sin necesidad de conducirlos. Hoy no vuelan, pero contra todo pronóstico existe el coche que no necesita que lo conduzcan, él nos lleva. El que vuelen será cuestión de tiempo.

 

Hay compañías que han apostado fuerte por los coches sin conductor, como Google, sabedoras de que supondrán un gran mercado en pocos años. Y todo empezó con aquellos coches que te ayudaban a la hora de aparcar, con sistema de aparcamiento automático.

 

Pero, ¿son seguros los coches sin conductor? En teoría, y si la técnica no falla, deben serlo, ya que se elimina uno de los factores causantes de los accidentes, que es la intervención humana: velocidad excesiva, distracción al volante, etc. Realmente, la seguridad sería total si todo el parque automovilístico fuera autónomo, dado que en otro caso seguirá expuesto al capricho del mencionado factor humano que le rodea.

 

El coche autónomo tiene ventajas como aprovechar el tiempo mientras nos lleva. Este aprovechamiento de tiempo se traducirá en trabajo. Es como si las logias que mueven los hilos lo hicieran más que para facilitarnos la vida, para que estemos ocupados con nuestro trabajo. Pero lo cierto es que habrá determinados colectivos de personas que se verán favorecidos por esta nueva industria, como puedan ser personas impedidas, o aquellos para los que conducir es un sopor. Aunque en el debate quedará si, frente a la nave, debe ir un piloto cualificado que se haga cargo de la misma en caso de emergencia técnica. Y eso suponiendo que exista la posibilidad de automatizar la conducción cuando queramos, y no que la misma tenga un único modo, el automático.

 

Pero esas situaciones de emergencias pueden dar pie a ciertos conflictos. No debemos olvidar que el coche automático es un robot, programado para una función concreta, la de conducir escrupulosamente sin merma de los tripulantes. Pero dicho robot también interactúa con otros usuarios de la calzada o incluso con otros robots. Y claro, en este punto, ¿qué prima más, la vida del tripulante o la del tercero que cruza inesperadamente por la calle? Porque dicho robot está programado para proteger a ambas.

 

Sea como fuere, lo cierto (el tiempo lo dirá) es que el coche autónomo no evitará los accidentes de tráfico, que se verán eso sí reducidos, pero no desaparecerán de nuestras vidas. Y en ese punto habrá más debates para los abogados, ya que, llegado el caso, el responsable del accidente lo será el robot, creado por el fabricante, que para el supuesto de mal funcionamiento del sistema, será responsable si o si del mismo, complicándose el asunto en cuestión, e interviniendo en las reclamaciones terceros que hasta hoy se habían quedado fuera de las mismas. Habría que ver también que postura toman los seguros al respecto, pues por un lado la probabilidad de accidentes es menor, pero por otro lado dirán que es una máquina y que también están sujetas a error, o que están expuestas a ciertas condiciones adversas, difícil de superar más allá de la pericia humana.

 

Como suele ocurrir, la realidad va por delante de la ley, y hasta la fecha no hay nada regulado acerca de los coches autónomos (al menos en Europa), si necesitan ir acompañado con un conductor para circular o, simplemente, pueden o no circular.