Diferencias entre el software libre y el software propietario

software libreEncontramos otros nombres para el software propietario, como software privativo o software de código cerrado. Este tipo de software limita las posibilidades del usuario a modificarlo e incluso en su uso. Sin embargo, el software libre, en contraposición al anterior, es aquel que se distribuye libremente. También es conocido como software de código abierto. En él, el usuario tiene plena libertad a la hora de usar el software, distribuirlo y/o modificarlo, con lo que se consigue un mayor desarrollo en las mejoras del primitivo.

 

Cuando hablamos de software libre hacemos referencia a las tres libertades que este posee, que son:

  • Libertad de uso.
  • Libertad de distribución.
  • Libertad de adaptación y mejora.

 

El software libre es afín a la idea de aldea global, donde la comunidad se beneficia mutuamente, creciendo sin restricciones. Pero el término libre no es sinónimo de gratuito, lo que ocurre es que, tal vez, asociemos ambos conceptos por la traducción literal del anglicismo “free”. Es decir, el software libre puede ser distribuido comercialmente.

 

Un principio básico en el software libre es nombrar la autoría, perspectiva que no debe ser perdida nunca, incluso aunque sea gratuito. El autor tiene la protección que el ordenamiento le brinda para con su obra. Sin embargo, éste puede disponer de la misma y realizar, por ejemplo, una compraventa, por la que transmite la propiedad a cambio de una contraprestación dineraria. En este caso, el comprador puede usar el software sin ningún tipo de restricciones.

 

Lo más común es realizar el contrato de licencia de software, por la que se realiza una cesión de uso del mismo. Dicha cesión, como establece el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, por el que se aprueba el texto refundido de la Ley de Propiedad Intelectual, regularizando, aclarando y armonizando las disposiciones legales vigentes sobre la materia, tiene carácter no exclusivo e intransferible, presumiéndose que lo es para satisfacer únicamente las necesidades del usuario, agotando la primera venta de una copia del programa el derecho de distribución de la misma.

 

Cómo proteger el software

softwareLa protección jurídica de programas de ordenador está regulada por la Directiva de la Unión Europea 250/1991, de 14 de mayo de 1991, piedra angular donde gira toda la normativa al respecto.

En nuestro ordenamiento, encontramos la definición de software en el artículo 96 de la Ley de Propiedad Intelectual:

A los efectos de la presente Ley se entenderá por programa de ordenador toda secuencia de instrucciones o indicaciones destinadas a ser utilizadas, directa o indirectamente, en un sistema informático para realizar una función o una tarea o para obtener un resultado determinado, cualquiera que fuere su forma de expresión y fijación.

A los mismos efectos, la expresión programas de ordenador comprenderá también su documentación preparatoria. La documentación técnica y los manuales de uso de un programa gozarán de la misma protección que este Título dispensa a los programas de ordenador”.

Por tanto, podemos ver que el software está compuesto por tres elementos, que son: el programa de ordenador, la descripción del programa y el material de apoyo.

Hay un máxima, y es que cualquier copia no autorizada de un programa de ordenador es ilegal. Los programas deben protegerse al igual que una obra literaria, teniendo en cuenta que no se protegen ni las ideas, ni programas de ordenador no originales, sino que debe ser una creación intelectual ex novo.

Pero la originalidad puede preverse también de obras derivadas, es decir, la Ley de Propiedad Intelectual protege aquellas obras que derivan a su vez de otras. Claro ejemplo de esto son aquellos programas que modifican la interfaz de uno anterior, con más usabilidad. Que duda cabe que, siendo la interfaz la parte más importante del programa, por aquello que hace posible su relación con los usuarios, definirá la misma la creación del autor, con independencia que derive de un programa anterior.

¿Puede una persona jurídica ser titular de un programa informático?

En principio podríamos decir que la creación es algo personalísimo, por lo que autor unicamente lo puede ser una persona física, es decir, la autoría recaería sobre el trabajador de esa empresa por cuenta de la que lo ha realizado. Pero lo cierto es que no suele haber un solo autor persona física, sino un elenco de éstos. Así, la Ley de Propiedad Intelectual prevé la posibilidad de que las personas jurídicas puedan beneficiarse de la protección que dicha ley les brinda a los autores, en el caso de obras colectivas, como puede ser un programa de ordenador.

¿Cuánto dura la protección de los derechos de explotación?

Si es una persona física, la protección dura toda la vida del autor, y setenta años después de su muerte.

Si es una persona jurídica, la duración de la protección será de setenta años, computados desde el día 1 de enero del año en el que se divulgue.

Cuando el autor del programa de ordenador cede el derecho de uso del mismo, se entiende que tiene carácter no exclusivo e intransferible.

¿Puedo registrar mi creación?

Sí, los programas de ordenador pueden ser inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual, si bien hay que hacer constar que los derechos de autor se obtienen ipso facto, con independencia de la la mayor garantía que ofrece el registro.

¿Cómo protejo mi creación?

Serán los tribunales de justicia los encargados de velar por los intereses de los autores, quienes tienen en su mano las acciones de cesación de la actividad ilícita, así como la acción de resarcimiento por los daños y perjuicios que se le hayan ocasionado. Generalmente, la interposicion de estas acciones van acompañadas de la petición de medidas cautelares consistentes en evitar un mayor perjuicio, a través de la suspensión de la explotación o actividad, la retirada del comercio de los ejemplares ilícitos e incluso su destrucción, o el comiso.

La autenticidad de las pruebas digitales

ArrobaUna reciente sentencia del Tribunal Supremo (STS 2047/2015. Sala de lo Penal) ha dictaminado sobre la autenticidad de las pruebas digitales.

Como ya hemos señalado desde Avezalia desde hace más de una década, podemos presentar pruebas digitales impresas, pero corremos el riesgo, cierto, de que nos lo impugnen. En este supuesto, corresponderá a quien aportó la prueba la carga de su veracidad. Para evitar impugnaciones, debemos acompañar las pruebas digitales del correspondiente informe técnico o pericial, ya que, de otro modo, pesa sobre las pruebas digitales su facilidad de manipulación.

Imagen Google images

¿Puedo hacer testamento electrónico?

Arroba red¿Qué entendemos por testamento electrónico? Básicamente lo podemos definir como aquel acto de última voluntad expresada en un medio electrónico, como puede ser un archivo en un ordenador, tablet o Smartphone.

 

En España no es posible, aun. Sin embargo, hay países como Australia que se ha adelantado al futuro, o más bien se han adaptado al presente. El caso concreto es el de un testamento dejado en un archivo del Smartphone del finado, al que un juzgado le ha dado plena validez.

 

En nuestro país el testamento viene regulado en el artículo 662 y siguientes del Código Civil. El mismo permite el testamento ológrafo, es decir, aquel que ha sido escrito en su totalidad y firmado por el testador, con expresión de la fecha. Pero, ¿y si se puede demostrar que el archivo electrónico fue creado por el testador? Debemos tener en cuenta que el Código Civil fue promulgado en un contexto totalmente distinto al actual, y si hubiera sido redactado hoy, con total seguridad incluiría el testamento electrónico, como otra forma de testar. Además, ¿qué ocurre con el principio de “favor testamenti”?

 

Lógicamente si la técnica permitiera identificar el texto realizado por una persona sin lugar a duda a su autoría, está claro que sería perfectamente factible. Tal es el caso de un correo electrónico firmado digitalmente. En el mismo se puede expresar la última voluntad, hacerlo extensible a otra u varias personas, queda constancia de la fecha y, lo más importante, se acredita el autor del mismo, por lo que, en principio, debe ser válido como testamento electrónico.

 

Pero como en todo, esta tesis tiene muchos detractores, sobre todo aquellos que, amparados en el artículo 687 del Código Civil, manifiestan que son nulos aquellos testamentos en cuyo otorgamiento no se han observado las formalidades legales. Y dentro de las formas de testamento, nuestro Código Civil admite que puede ser común o especial, y el común puede ser ológrafo, abierto o cerrado. Por lo que los detractores no encuentran cabida al testamento electrónico.

 

Sin embargo, no tienen en cuenta una de las normas fundamentales del Código Civil, aquella que hace o permite que éste siga cumpliendo años y sea, hoy por hoy, una de las normas más antiguas que rigen en España. Me refiere al artículo 3, que dice en su apartado 1: “Las normas se interpretarán según el sentido propio de sus palabras, en relación con el contexto, los antecedentes históricos y legislativos y la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas, atendiendo fundamentalmente al espíritu y finalidad de aquellas”.

 

Realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas. Ahí lo dejo.

Email como prueba

Arroba

La primera vez que usamos un email como prueba, Internet aun era un bebe con pañales, y ni existía Facebook ni otras redes sociales. Ni siquiera existía Avezalia.

 

Un primer problema que se nos planteaba era el formato en el que presentar dicha prueba, ya que las demandas eran y siguen siendo en soporte papel, y los emails eran electrónicos. ¿Imprimirlos? Podían tacharnos el contenido. No estamos ante un correo ordinario, en el que la letra o la firma pueden ser más que suficiente, y en el caso de no serlo se podría salvar con una pericial.

 

La primera vez que presentamos el mail como prueba, nadie usaba la firma electrónica. Actualmente casi nadie. Entonces, se nos planteó otro problema, y es que aun presentando el soporte digital, esto es, el gestor de correos o directamente desde el servidor, resultaba que los correos electrónicos eran y son perfectamente manipulables.

 

¿Y si presentábamos el disco duro tal cual? Según nuestro amigo informático de batallas, tampoco garantizaba el contenido. El contenido. Precisamente lo que más nos importaba. Ese contenido podía haber sido manipulado incluso por terceros ajenos a los comunicantes, además de por todos los intervinientes en la transmisión del mismo, incluso por los proveedores de servicio. Ese contenido incluso de podría manipular una vez presentado el disco duro como prueba, y nadie se daría cuenta de la manipulación.

 

Sin embargo, había una forma para solventar la validez del email a efectos de que no nos impugnaran la prueba, ya que hay un elemento en los emails que los informáticos saben que es difícil de manipular (imposible en el mundo de la informática, por lo que hemos podido comprobar en todos estos años, no existe), el cual procedimos a su protocolización a efecto de presentarlo en soporte papel para su unión a la demanda. El coste de la prueba fue elevado, pero mereció la pena visto el resultado del procedimiento.

 

Sin embargo, hoy día nos encontramos con muchos compañeros que presentan el mail como prueba con una simple impresión, sin ningún medio que garantice el contenido íntegro, sin que se les ponga ninguna traba de contrario. Y claro, son admitidas como prueba por los juzgados.

 

En asuntos con menos medios económicos, hemos tenido que hacer uso del email impreso en papel como prueba, so pena de su falta de validez, si bien la misma se puede ver complementada con otros medios de prueba de los que se hagan uso en el juicio, siendo la declaración de testigos de mayor importancia, a efectos de hacer valer, al menos como indicios, dichos emails impresos.

Implicaciones legales del coche autónomo

Coche autonomo IICuando éramos niños soñábamos con coches que podían volar, haciendo realidad nuestra imaginación películas como “Regreso al futuro”. Pero lo que no habíamos imaginado era que los coches del futuro pudieran ser autónomos, y poder ir en ellos sin necesidad de conducirlos. Hoy no vuelan, pero contra todo pronóstico existe el coche que no necesita que lo conduzcan, él nos lleva. El que vuelen será cuestión de tiempo.

 

Hay compañías que han apostado fuerte por los coches sin conductor, como Google, sabedoras de que supondrán un gran mercado en pocos años. Y todo empezó con aquellos coches que te ayudaban a la hora de aparcar, con sistema de aparcamiento automático.

 

Pero, ¿son seguros los coches sin conductor? En teoría, y si la técnica no falla, deben serlo, ya que se elimina uno de los factores causantes de los accidentes, que es la intervención humana: velocidad excesiva, distracción al volante, etc. Realmente, la seguridad sería total si todo el parque automovilístico fuera autónomo, dado que en otro caso seguirá expuesto al capricho del mencionado factor humano que le rodea.

 

El coche autónomo tiene ventajas como aprovechar el tiempo mientras nos lleva. Este aprovechamiento de tiempo se traducirá en trabajo. Es como si las logias que mueven los hilos lo hicieran más que para facilitarnos la vida, para que estemos ocupados con nuestro trabajo. Pero lo cierto es que habrá determinados colectivos de personas que se verán favorecidos por esta nueva industria, como puedan ser personas impedidas, o aquellos para los que conducir es un sopor. Aunque en el debate quedará si, frente a la nave, debe ir un piloto cualificado que se haga cargo de la misma en caso de emergencia técnica. Y eso suponiendo que exista la posibilidad de automatizar la conducción cuando queramos, y no que la misma tenga un único modo, el automático.

 

Pero esas situaciones de emergencias pueden dar pie a ciertos conflictos. No debemos olvidar que el coche automático es un robot, programado para una función concreta, la de conducir escrupulosamente sin merma de los tripulantes. Pero dicho robot también interactúa con otros usuarios de la calzada o incluso con otros robots. Y claro, en este punto, ¿qué prima más, la vida del tripulante o la del tercero que cruza inesperadamente por la calle? Porque dicho robot está programado para proteger a ambas.

 

Sea como fuere, lo cierto (el tiempo lo dirá) es que el coche autónomo no evitará los accidentes de tráfico, que se verán eso sí reducidos, pero no desaparecerán de nuestras vidas. Y en ese punto habrá más debates para los abogados, ya que, llegado el caso, el responsable del accidente lo será el robot, creado por el fabricante, que para el supuesto de mal funcionamiento del sistema, será responsable si o si del mismo, complicándose el asunto en cuestión, e interviniendo en las reclamaciones terceros que hasta hoy se habían quedado fuera de las mismas. Habría que ver también que postura toman los seguros al respecto, pues por un lado la probabilidad de accidentes es menor, pero por otro lado dirán que es una máquina y que también están sujetas a error, o que están expuestas a ciertas condiciones adversas, difícil de superar más allá de la pericia humana.

 

Como suele ocurrir, la realidad va por delante de la ley, y hasta la fecha no hay nada regulado acerca de los coches autónomos (al menos en Europa), si necesitan ir acompañado con un conductor para circular o, simplemente, pueden o no circular.